En este primer capítulo titulado
“Los comienzos”, Tarkovsky nos narra la experiencia que tuvo inicialmente con La infancia de Iván, su primer trabajo
como director. A partir de él, viéndolo retrospectivamente y comparándolo con
sus otras películas, concluye que la producción cinematográfica, por estar
ligada visual y formalmente a la realidad, debe sujetarse a la vida y
expresarla con el fin de llegar a la emotividad del espectador.
Hay unos renglones en los que
menciona aquellas películas que parten de la idea de imitar un cuadro famoso y
llevar su composición a lo cinematográfico, y dice Tarkovsky, que esto le quita
autonomía compositiva e independencia creativa al cine por quedarse en la
imitación.
Y mientras niega esto, afirma que
el cine debe seguir a la vida, ¿pero acaso esto no le quita independencia por
limitarse a imitar? Si bien toda producción está basada en quien la elabora y
en su forma de ver al mundo, también creo que es posible brindarle autonomía a
lo que se hace y buscar hacer algo diferente (si se trata de evitar la
reproducción) ¿Y si en vez de estar supeditado a la linealidad de una historia,
las acciones y movimientos, seguir un trayecto, principio, desarrollo y fin, propusiera
algo más? Quizás algo propio del cine, del encuadre, del tiempo…Lo que lo hace
diferente a otro tipo de expresión artística, como la pintura que es estática. No
se vive una pintura como se vive el ver una película, aunque estemos sentados
tres horas en el cine y movamos solamente los ojos. Tanto el tiempo como la
forma en que las imágenes se suceden,
está más vinculado que otro arte a la manera en como percibimos la
realidad. Pero ¿por qué limitarse a seguir una historia? Quizás deba producir
imágenes envolventes, que no cuenten una historia, sino que jueguen con la
percepción del tiempo y del espacio. Que
vuelvan el cine algo vivencial física y no virtualmente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario